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De nuevo he decidido iniciar un emprendimiento. Esta vez alrededor del tema de los libros, donde encuentro motivación, pasión y una gran alegría por lo que puedo ofrecerle a los demás. Se llama Xalambo editorial y es una iniciativa mediante la cual busco formar a escritores, ayudarlos a autopublicar si es que no encuentran el apoyo de una editorial tradicional, y enseñarles las técnicas de marketing que les ayude a resaltar su obra. Y cuando digo de nuevo, es porque ya he emprendido varias veces.

La primera vez que emprendí tenía 13 años. Se trataba de una actividad informal que se nos ocurrió a mi mejor amigo de entonces y a mí (aunque no exactamente a nosotros dos), con el fin de conseguirnos algunos pesos para ir a cine o tomarnos una gaseosa el fin de semana.

Cierta tarde pasamos por la acera de un supermercado en el que vimos a un señor rescatar enormes bolsas de papel de 100 kilos (en las que le habían surtido al supermercado el maíz), de la caneca de la basura y echarlas en un costal que luego se alzó al hombro para llevárselas a su casa. 

Antes de que se marchara, mi amigo y yo le preguntamos qué iba a hacer con esas bolsas. Él nos dijo que lo que hacía era cortarlas por un costado y por la parte del fondo, con lo que obtenía 3 pliegos amplios de papel, ya que las bolsas, para hacerlas más resistentes, venían en hoja de papel triplicada. Que luego cortaba esas grandes hojas por la mitad, y las que resultaban también las cortaba por la mitad, y así, hasta que obtenía el tamaño justo para hacer bolsas de diferentes tamaños, los necesarios para hacer bolsas más pequeñas, que servían para empacar maíz de a kilo, 2 kilos, 3 kilos, etc. Y que luego, esas bolsas iba y las vendía en la plaza de mercado, donde las usaban para vender no solo maíz sino también frutas y verduras, fríjoles, alverjas, y otras cosas de mercar para la cocina de las casas. Tamaño emprendimiento, pensé yo.

A mi amigo y a mí se nos abrieron los ojos como platos. Y cuando el señor se fue se nos ocurrió que nosotros podíamos hacer lo mismo, no en aquel supermercado, sino en otro, para no dañarle el negocio al señor que nos había dado la idea, y vender las bolsas más pequeñas en otros negocios que las necesitaran, y no en la plaza donde ya trabajaba aquel señor.

Y así fue. En cuestión de dos semanas ya teníamos nuestra primera carga de bolsas de kilo, 2 kilos, 3 kilos, que fuimos a ofrecerle al mismo supermercado en el que habíamos recogido de la basura las bolsas de papel de 100 kilos que ellos tiraban. El negocio fue inmediato. Y durante meses funcionó a las mil maravillas. 

Mi amigo y yo empezamos a tener los bolsillos llenos, no a reventar, pero sí que nos daba para lograr nuestro propósito de ir a cine y tomarnos de vez en cuando unas gaseosas. Íbamos de un lado a otro gastando el dinero que nos ganábamos haciendo bolsas de papel que nos daban un retorno insuperable, ya que en lo único que teníamos que invertir era en colbón (pegante) para unir fuertemente los bordes de las bolsas de pocos kilos, lo que nos costaba casi nada.

En el mismo negocio donde recogíamos de la basura las bolsas grandes vendíamos las bolsas pequeñas. Hasta que un día llegamos a buscar las bolsas grandes a la basura y no había ninguna. Al día siguiente regresamos, y pasó igual, la caneca estaba llena de basura de todo tipo, maloliente, sucia, pero no habían bolsas. Durante una semana volvimos día tras día a ver si encontrábamos insumo para trabajar, pero siempre fue igual. Nada de bolsas. 

Entonces le preguntamos a una señora de overol caqui que estaba barriendo la acera del supermercado, que por qué no habían vuelto a botar las bolsas de maíz de cien kilos a la caneca de la basura, y ella nos dijo que en el supermercado habían decidido reutilizarlas. Que un señor que tenía un emprendimiento ya hacía algo similar, recogiendo bolsas grandes en otro supermercado, haciendo con el papel bolsas pequeñas con capacidad para varios kilos, y vendiendo las bolsas más pequeñas en la plaza de mercado,  le había propuesto a la administración un negocio: él recogería las bolsas de 100 kilos, haría bolsas más pequeñas y las vendería al supermercado a un precio más barato que el que tenían que pagar actualmente. La administración aceptó, y ahora las bolsas que antes se botaban ahora se le guardan al señor. 

Mi amigo y yo nos miramos entre sí. Ambos pensamos que se trataba del mismo hombre que nos había dado la idea, y en el cual nosotros habíamos pensado antes de crear nuestro negocio para no ir a afectar el suyo. Ahora él, sin saber que nosotros le habíamos copiado la idea, nos había dañado el nuestro.

El punto, sin embargo, no es el negocio de las bolsas de papel, ni el desenlace que tuvo aquella iniciativa nuestra; el punto es que los negocios están donde menos se imagina uno. Más hoy en día cuando basta abrir una página de internet y te encuentras ideas que puedes monetizar fácilmente y empezar a ganar dinero. Hay negocios de inversión, negocios inmobiliarios, negocios de capacitación, negocios de ventas nacionales e internacionales, en fin.

¿Te imagina una iniciativa, un emprendimiento que puedas monetizar fácilmente y empezar a ganar algo adicional a lo que ya ganas o incluso a devengar algo si es que hoy no cuentas con un empleo y no ganas nada?

A mí me gusta y sé de libros, y he aprovechado la oportunidad para escribir varios y ahora venderlos a través de internet. Varios de esos libros los he escrito con la idea de ofrecerte a ti la oportunidad de que aprendas algo rentable. Por ejemplo Electricidad y electrónica. Un compendio de tres libros que contiene tres obras con especialidades diferentes pero complementarias: El primero se titula Principios de electricidad, el segundo Electrónica básica y el tercero Amplificadores operacionales y otros dispositivos especiales

Ahora me he propuesto sacar adelante esta nueva iniciativa, la de Xalambo Editorial, con la que me propongo llevar a los lectores obras que les permitan un día alcanzar sus sueños, como los he alcanzado yo, tomando acción inmediatamente.