fbpx

Conocer a los personajes de tu novela es tan importante para darle credibilidad a la misma, como conocer a tus amigos es necesario para hacer prosperar una sana relación. 

Los personajes en tu novela son como las personas en la vida real. Habitan en un mundo, el mundo ficticio que has creado, y reaccionan a los estímulos que ese mundo les genera. Ríen ante una situación cómica, lloran ante el dolor, tienen sueños y ambiciones, se mueven a lo largo de un destino que a veces los satisface y a veces los decepciona. Y si en la vida real nos hacemos una imagen de las personas por sus reacciones ante los estímulos de dicha vida, así en tu novela, los personajes deberán reaccionar de forma consistente en determinadas situaciones. Si no sucede así el lector se sentirá desorientado, porque el lector espera que en la novela los personajes se comporten como lo hacen las personas en la vida real. 

Supongamos que en una relación de pareja una de las partes le es infiel a la otra, es de esperarse que la parte engañada sienta decepción, dolor, y que al darse cuenta de la situación reaccione con reclamos, tal vez agresivamente, quizás se marche y vuelva después de un rato para pedir explicaciones o simplemente nunca regrese porque no puede superar lo que ha ocurrido. En este caso, esta parte engañada realmente encuentra en la situación una oportunidad que habrá de utilizar en otro momento para confrontar a su pareja cuando esta le reclame por hacer lo mismo, engañarla, o quizás mucho menos, y por tanto no le reclama, ni siquiera le menciona lo que ahora sabe.

Ahora pensemos en un grupo de personas que asiste al circo, y una de ella apenas si levanta la cabeza para mirar el espectáculo, y si lo hace en nada encuentra la diversión, y en cambio, se muestra indiferente, huraño, quizás triste. Muy probablemente sus amigos, o incluso las personas a su alrededor que no lo son, notarán aquel comportamiento que resultará extraño, fuera de lugar. 

Ahora hagamos la siguiente la pregunta? ¿Están mal caracterizados los personajes de nuestros dos ejemplos anteriores? Tal vez sí, pero tal vez no. Ya que lo importante no es el comportamiento aislado de una persona en una determinada situación; hay que conocer a ese personaje en muchas otras situaciones: en soledad y acompañado, en su casa y con los amigos, y en el trabajo, y en general en tantos escenarios como sea posible. No hay que crear tantas escenas como tipificaciones de comportamiento queramos mostrar, a veces basta con enunciar, en un resumen, como es ese personajes en determinadas situaciones bastaría.

Por ejemplo:

En el primer caso, el de la infidelidad, podríamos informarle al público lector que el personaje infiel (el hombre) tiende a salir con otras mujeres, y que a veces se comporta con indiferencia ante su pareja cuando la ve arreglándose mucho para salir, o hablando con  frecuencia con la misma persona, una vecina por ejemplo. Lo que nos hará pensar en un evidente desinterés, quizás la pareja haya pasado por grandes dificultades y ya no siente que haya mucho que rescatar de la relación. Tal vez lo que esperan es que haya una situación crítica para darle a la relación la estocada final, o tal vez aún sabiendo que ya no van para ninguna parte saben que ninguno de los dos hará nada porque por los hijos, pese a todo, siempre permanecerán juntos. Es claro pues que la reacción, sin contexto, resulta incomprensible, pero en contexto parece racional, quizás deje muchos interrogantes, pero es una posibilidad y hay que seguir leyendo para ver qué ocurrirá al final.

Veamos ahora el segundo caso, nuestro amigo, el del circo, tenía planeado salir con una de las chicas con las que fue al espectáculo circense, él suponía que sería la oportunidad de tener intimidad con ella, sería la primera vez, pero la insistencia del resto de los amigos para que salieran todos en una tarde de amigos dio al traste con todo, ya que la chica con la que iba a salir consideró que era más pertinente (¿afortunado?, ¿mejor?) salir al circo con todos los amigos y no con el amigo que la había invitado a tal vez a bailar y luego quién sabe a qué, y al que en primera instancia le había aceptado la invitación a regañadientes, pues conoce sus intenciones, pero a ella no le interesa él. Claro, es comprensible el malestar que ha de estar experimentado nuestro personaje en mención, lo que no lo deja disfrutar del show. Sólo nos faltaba el contexto. 

Poner en contexto al lector es explicarle quién o quiénes son nuestros personajes, qué hacen, qué quieren, por qué hacen lo que hacen para comprender por qué se sienten como se sienten. Eso es caracterizar a los personajes, lo que implica conocerlos. Para darle vida a cada uno de los personajes, el escritor debe conocer todo de ellos, tal vez no lo cuente todo, ni falta que hace, pero sí lo suficiente para darle el respiro de vida, de humanidad, crear un perfil de él, profundizar en su esencia, hacerlo casi una persona de carne y hueso que vive y siente de verdad.

Conocer a tus personajes es fundamental para caracterizarlos, para mostrarlos tal y como son, tanto física como psicológicamente, tanto emocional como espiritualmente.

Para comprender a caracterizar a tus personajes debes leer mucho, observar, analizar, tratar de “desarmar” a esos personajes en todas sus variables (física, psicológica, emocional, espiritual). De preferencia leer primero ensayos que analicen la creación de los personajes, y después cuentos, novelas, ensayos literarios, los cuales te ayudarán a practicar lo aprendido en la lectura técnica. Te dejo con dos libros interesantes que te ayudarán a comprender el esfuerzo del escritor en procura de la caracterización de los personajes, encuéntralos a continuación.