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Zanahorias azules es la última novela que he presentado al público, y es quizás una de las más intimistas que he escrito. Cuando empiezas a adentrarte en años un día miras en retrospectiva y unes los puntos, como dijo Steve Jobs en su famoso discurso en la universidad de Stanford que debía hacerse, y te das cuenta de muchas cosas: que la vida no es igual para todos, que los sufrimientos no vienen siempre de donde te imaginaste que vendrían, que mal paga el Diablo a quien bien le sirve, que no siempre vale la pena dar tanto para que otros recojan los frutos, que quienes tienen el poder pueden usarlo para engañarte, que vale más la dignidad que un puñado de billetes, que el amor duele, que la infidelidad es buena mientras no te pidan, que a veces pagas por la compañía sin darte cuenta, que los niños no por serlo son mejor tratados por la vida, que los viejos no por serlo son más fuertes o más sabios, en fin. Tantas cosas. Esta novela, Zanahorias azules,  la escribí en un período de mi vida en el que me sentía cansado de todo, en el que veía el horizonte oscuro y en el que no entendía para nada por qué los seres humanos somos como somos.

Una vez terminada la novela y realizadas muchas correcciones, mediando meses entre cada una, le entregué el libro a varios lectores beta; una vez me devolvieron con sus retroalimentaciones, hice una sesión  conjunta y en un momento de arrebato les dije:

¿Cierto que es una novela muy pesimista?

Y las respuestas no se hicieron esperar:

Para nada, No, Nada qué ver, Cómo se te ocurre, etc.

Resulta que les había parecido, a todos, por el contrario, muy realista:

Esa es la vida real, Así somos todos, Así funcionan las empresas, Así nos tratamos unos a otros en las relaciones, en fin.

Me quedé más tranquilo. Al fin e cuenta, la obra estaba a punto de dejar de ser mía y de empezar a ser parte de los demás, de todos, y cada quien, luego de leerla, podría decir lo que se le ocurriera acerca de su contenido. 

Sí, Zanahorias azules es una novela sobre la relación de pareja, sobre la relación de familia, pero también sobre las relaciones laborales, sobre las relaciones escolares; es una novela en la que se muestra, quizás descarnadamente, qué hay que hacer en este mundo para escalar en la pirámide empresarial, qué hay que ser para ser amado, qué hay que hacer para ser mirado, tenido en cuenta, considerado, incluso respetado.

No pienso que Edmundo sea malo por lo que hace, ni que Íngrima sea mala por lo que hace, ni tampoco que Christian sea cansón por lo que desea. Simplemente son seres humanos que han sido lanzado, sí, lanzados, al mundo para ver cómo se defienden, y cada uno de ellos hace lo que puede sin mapa, in manual, sin un guía realmente experimentado. Lo importante, en el fondo, es qué tan dispuesto está cada uno a entregar lo que es para conseguir lo que valora, qué tan dispuesto está cada uno para continuar a pesar de todos los dolores. Eso, y nada más. 

 

Otras de mis obras no están muy lejanas de eso mismo: