Escribir una historia es una de las actividades más satisfactorias que hay; no solo por la práctica de un arte en el que se pone a prueba la imaginación, la agilidad de nuestras neuronas, la forma como usamos nuestras propias experiencias para recrear historias y crear así nuevos personajes, sino también porque leer es, con  mucho, una de las actividades más gratificantes de la vida, y escribir para que otros lean no tiene precio. La escritura creativa es generosidad para con los demás, es aventura, es reto, es luchar por un propósito.

Cualquiera puede escribir. No digo que cualquiera puede ser un gran escritor, pero sí un gran luchador de la escritura, que es lo que somos la mayoría de los que amamos escribir. Ahora, que si la meta es llegar a ser un gran escritor, estoy convencido de que lo que se necesita es convencimiento y tener ganas. Basta con seguir una serie de prácticas diarias y la meta se volverá alcanzable. No hay más que poner en acción las siguientes recomendaciones y día a día estará el aspirante cada vez más cerca de su objetivo.

Lo primero es seguir una rutina de escritura. Cuando me puse este reto por primera vez, la primera duda que me asaltó fue… de qué iba a escribir. Probablemente los temas se me acabarían apenas unos días después de haber comenzado, quizás me rindieran unas semanas, pero seguramente no meses y menos años. Pero no fue así. Solo bastó poner en práctica una premisa: la de escribir a diario acerca de lo que me pasaba en ese mismo día, y bastó para que siempre tuviera algo que contar. No todo los días se levanta uno con el mismo ánimo, ni sigue las mismas rutas para ir a donde tenga que ir, ni se encuentra con las mismas personas, y aunque así fuera no habla uno con ellas de las mismas cosas. Así que por tema nadie se vara. Y así, seguir una rutina, es fácil.

Lo segundo es escribir a diario. Ya vimos que por tema no habrá problema, aunque quizás lo haya por pereza, o cansancio, o desmotivación. Pero… si es así, muy probablemente la verdadera razón de esto no sea la pereza, ni el cansancio ni la desmotivación, sino la equivocación. Sí, quizás le estás apuntando a que escribir es lo que te gusta, lo que te llena, lo que te hace feliz, pero no es así, estás equivocado. Porque cuando uno ama lo que hace lo que falta es tiempo para dedicárselo a esa actividad. Así pues que lo que estoy escribiendo es para los que aman de verdad escribir, no para los que lo hacen con la motivación de ser famosos, o enriquecerse de la noche a la mañana o cualquiera otra finalidad.

Lo tercero es leer mucho, todos lo que puedas, y de preferencia de diferentes temas. Yo he leído de electricidad, de electrónica, de medicina, de psicología, obviamente he leído muchas novelas, y o he hecho de géneros tan variados como el policíaco, el romántico, el de terror, el de suspenso, en fin. Leer mucho te ayudará a tener buena ortografía, buena redacción, te ayudará a encontrar tu propio ritmo, tu propia entonación a partir de la de otros escritores. Pero además te enseñará de muchos temas y, así, tendrás también muchos temas de los que escribir y hacerlo con propiedad. 

Lo cuarto es que apuntes todas las ideas que vengan a tu cabeza. Si quieres algún día escribir una obra de ficción, prepárate para no dejar escapar ninguna idea que llegue a tu cabeza. Lleva siempre una libreta de apuntes contigo, o una grabadora, o cualquier recurso que te permita asegurarte de que cualquier cosa que veas, escuches, pienses, imagines, la puedas apuntar, e incluso extenderte en desarrollarla tanto como puedas. Cuando era muy joven y no había escrito ningún libro llevaba conmigo una agenda a todas partes a donde fuera, con el tiempo llené más de veinte, y con todo lo que apunté en ellas me serví para escribir mis primero cuentos, los cuales se recogieron en un libro que se publicó en 1994 y se tituló Historias cruzadas.

Lo quinto es estructurar esas ideas antes de escribir. Sí. Ciertamente, si quieres lograr algo como lo que te conté acerca de Historias cruzadas en el párrafo anterior, debes asegurarte de que antes de escribir habrás de tomar todas las ideas que quieras utilizar y estructurarlas lo mejor que puedas. Estructurarlas es darles forma, simplificarlas de forma que con mínimas palabras, las suficientes y necesarias, digas lo que quieres decir. Estructurar las ideas es asegurarse de que cumplen la premisa de contar con un sujeto, un verbo y  un predicado. Y que lo que cuentas en esa estructura tiene sentido, es interesante y, al menos a ti, te llama la atención. 

Lo sexto es utilizar figuras literarias. Efectivamente. Ya en el paso anterior te aseguraste de tener una idea estructurada, ahora debes procurar hacerla lo más atractiva, lo más literaria, lo más emotiva y rítmica posible. Y para lograr esto lo mejor es que te sirvas de las figuras literarias. Hay muchas (metáforas, símiles o comparaciones, hipérboles, metonimias, sinécdoques, anáforas, prosopopeyas o personificaciones, epítetos, en fin), y puedes usar las que quieras, siempre que al usarlas no termines por hacer incomprensible lo que ya habías conseguido que fuera tan claro como el agua. 

Lo último es que te asegures de crear historias con personajes inolvidables, escenarios tan claros como si fueran reales, tiempos por los que fluya la historia como por un río, en fin. De esta forma te asegurarás de que tus lectores se sentirán a gusto con tus ficciones, que querrán volver siempre a ellas, a las mismas o a otras de las muchas que espero que escribas. Tampoco creas que todo lo que escribas va a ser bueno, o que a todos les va a gustar. Ni siquiera el caviar es plato que guste a todos, entonces, ¿por qué lo serían tus obras? Pero que a algunos no les guste no quiere decir que no puedas o debas seguir escribiendo. Nunca desistas. Lo más importante es que hagas lo que te gusta, y que nunca dejes de esforzarte. 

Si te ha gustado esta entrada, puedes encontrar más motivación para tu ánimo y empeño de escribir en mi ensayo literario La forja de un escritor. Aventúrate, sé que te gustará.