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En un momento de la historia de la humanidad, cuando se habla de Inteligencia Artificial, impresoras 3D, vehículos autónomos, realidad virtual, drones, interfaces cerebro-computador o inteligencia genética, es inaudito pensar que los niños y jóvenes de hoy no se estén siquiera educando para sumar y restar y poder leer. El futuro de cada pueblo está en la posibilidad que ese pueblo les dé a sus nuevas generaciones de tener acceso a la educación básica, de lo contrario, el futuro de ese pueblo será de oscuridad y pobreza.

Lo más preocupante es que el avance de la tecnología es tan rápido que lo que hoy es novedad mañana será obsoleto. De suerte que no contar con las bases para entender el conocimiento de cada día es estar abocado a caer al precipicio de la ignorancia, ya que en apenas unos años cualquier persona puede pasar de ser útil para las empresas y la productividad.

Basta mirar lo que ocurrió con las generaciones que conocemos hoy en día (los baby boomer, la generación X, la generación Y, los millenials, etc. Hasta llegar a la generación actual que ya ni sabemos si es la pandemials u otra). Entre una generación y otra normalmente median alrededor de trece años, y la brecha de conocimiento que separa a padres e hijos, por no mencionar a abuelos y nietos es abismal. Un niño de apenas cinco años se desenvuelve con un teléfono inteligente o una tableta o navegando en internet tan plácidamente como nuestros padres leían libros de papel y nuestros abuelos jugaban canicas, pero les cuesta compartir entre ellos. La simple tarea de hablar abuelos con nietos o incluso padres con hijos a veces resulta una labor imposible, pues el mero lenguaje que maneja cada generación ha cambiado tanto que se requiere un angustioso esfuerzo para nivelarlos en una conversación convencional.

Pensemos por ejemplo en un hombre que en Julio 29 de 1969 tuviera treinta años, posiblemente semanas después estaba solicitando a la NASA que le enviara una fotografía de Neil Armstrong autografiada; un enorme placer, pero ni pensar en que ese hombre tuviera acceso a la milésima parte de la tecnología que había usado el famoso astronauta en el Apolo 11 cuando iba camino a alunizar. Un hipotético hijo de este hombre, posiblemente en los años 90, pudo haber comprado un computador clon en el que apenas corría una de las primeras versiones de Windows y sobre ésta, una lenta versión de una joven suite de Office. Ahora imaginemos a un hipotético nieto de aquel hombre; probablemente ahora usa la última versión de un teléfono inteligente marca Apple o Samsung, más potente que el que usara el Apolo 11, y lo usa para realizar multitareas: hablar por teléfono, chatear, tomar fotografías de alta resolución, ver películas, leer, usar un GPS, etc. Ahora imaginemos lo que necesitaba su abuelo para poder hacer, como se hacía en su tiempo (si es que se podía hacer), hablar por teléfono, chatear, tomar fotografías de alta resolución, ver películas, leer o usar un GPS.

Lo curioso es que para que entre nuestro anterior personaje y su hijo se dieran los cambios en la tecnología que cada uno pudo disfrutar debieron pasar entre treinta y cuarenta años, para que se dieran los cambios representativos en la tecnología que pudo usar el hijo y el nieto apenas se necesitaron unos diez. Hoy, los avances tecnológicos desplazan a la tecnología subyacente cada vez más rápido. Ya no es necesaria una década para ver un cambio dramático, ni siquiera un lustro, un par de años es suficiente para que una tecnología desplace con todo a la vigente.

Es imperioso entonces que nos preocupemos por darle educación a las generaciones que actualmente están viviendo, ya que de lo contrario, de no hacerlo, pronto las personas se sentirán tan extraños en su mundo como un dinosaurio podría sentirse en la Avenida Quinta de Nueva York.

Es la razón por la que en Xalambo nos estamos ocupando de llevar educación de calidad a bajo costo a personas que lo quieran aprovechar, para que cuando el mundo se mueva hacia adelante, y lo hace cada segundo, el avanzar tecnológico no los deje atrás, imposibilitados para sobrevivir.