Cuando me preguntan cómo nace un escritor, algo de lo que hablo en mi libro «La forja de un escritor», solo puedo responder que leyendo mucho. Claro, hay que escribir, pero primero debe el escritor leer mucho, después, escribir todo lo que pueda. Y es que el escritor debe encontrar los registros de su «voz propia», algo que se logra por comparación, por una ósmosis o inercia inevitable durante el proceso de lectura. Y no se trata de que la voz del escritor suene a impostada; al contrario, se trata de que suene natural, esencialmente «suya» de quien cuenta con palabras.
Para los aficionados, y para los que no lo son a la literatura, tres libros de gran valor: «Mientras escribo», quizás el único libro que no es de terror del novelista Stephen King, que ha sido aclamado por su calidad, intimidad y las enseñanzas que deja; «Para ser novelista» es un ensayo de John Gardner, un novelista pero también teórico de la literatura, que responde, con base en las inquietudes de sus alumnos, lo que considera mejor aclara el camino del aficionado; finalmente está el interesante libro que se convirtió en tal sin pretenderlo el autor, «Cartas de Gustave Flaubert a Luoise Colet», ya que se trata de la larga correspondencia que el autor remitiera a su amante, más platónica que real.