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En varias ocasiones me han preguntado si las historias que cuento en La forja de un escritor y en Construir una novela, cómo orientarse en el proceso de creación literaria, son reales. Y la verdad es que siempre prefiero no responder.  ¿Por qué? Porque cuando alguien lee una novela, un cuento, cualquier historia, crea su propia imagen mental de las características de los personajes (incluso moldea los escenarios de la misma manera). Esto debido a que todos hemos tenido nuestra propia vida, nuestras propias experiencias, diferente educación, tanto en el hogar como en el colegio o en la universidad, y cuando forjamos mentalmente los personajes (o imaginamos las atmósferas que leemos), no partimos de cero, sino que lo hacemos de una imagen preconcebida. Así, por más que el autor nos diga que el personaje es alto, delgado, con una barba de tres días, y los dientes amarillos bajo una nariz aguileña y unos ojos azules, lo primero que haremos para reconocer ese perfil, será traer a nuestra memoria al personaje que hayamos viso en cine o en televisión o en una revista, o en la misma vida real, y a partir de allí cincelaremos a ese individuo que nos están describiendo y que estamos imaginando.

¿Qué quiere decir lo anterior? Que por más que todos leamos las descripciones que hace Gabriel García Márquez de Aureliano Buendía o de Remedios la Bella en Cien años de soledad,  cada uno se los imaginará diferente. Esa es una de las razones por las que G.G.M siempre se opuso en vida a que se hiciera una película de su obra cumbre, quería que los personajes de la novela vivieran siempre en la mente de los lectores tal y como cada uno de ellos (incluso el mismo G. G. M.) se los imaginera y no como un director quisiera imponerlos en la pantalla según su propia interpretación. Cosa que sus herederos no supieron respetar. 

La forja de un escritor y Construir una novela, cómo orientarse en el proceso de creación literaria, son dos historias que cuento con el mayor de los apasionamientos, y como le sucede a cualquier otro escritor, se componen de partes reales y partes ficticias, solo que el lector nunca sabe qué es verdad y qué es mentira. Y quizás eso sea lo que hace verdaderamente interesante el proceso de leer historias, de darse cuenta de lo que va sucediendo palabra a palabra; que al fin la historia, si está bien escrita, lo único que hará será crear la sensación de que eso que se ha leído en realidad pasó en algún lugar y los hechos le ocurrieron a alguien. 

Al fin de cuentas, si embargo, pienso que lo verdaderamente trascendente en ambos libros es la finalidad que perseguía de enseñar a los lectores cómo se va haciendo una persona escritora (en La forja de un escritor), y cómo se va construyendo una novela, paso a paso (en Construir una novela, cómo orientarse en el proceso de creación literaria). Esa era la única intención. Pero como al final los escritores lo que buscamos es entretener, y nunca podemos zafarnos de esa idea, terminé escribiendo un ensayo literario que permite, al tiempo que analizar, reflexionar, enseñar, hacerlo a través de una historia.

En ambos libros, pues, el lector podrá aprender pero también distraerse mientras lo hace; o visto de otra manera, no solo podrá leer aspectos teóricos de lo que se tratan las obras (la creación de un escritor y la creación de una novela), sino que podrá ver a modo de ejemplo cómo ocurre todo lo que hace el escritor, es decir escribir. Só, ambos libros son largos ejemplos de escribir, cómo hacerlo, y cómo lo hago particularmente yo (cómo me hice escritor, y como escribí una novela titulada Historia de amor).