De niño les mentía a mis padres. De adolescente les mentía a mis novias. Cierto día, mientras estudiaba Ingeniería Eléctrica en la Universidad Nacional, vi la convocatoria para participar en un concurso de cuento; entonces escribí una mentira que titulé EL VIEJO TULIO y la envié a ese concurso, donde ocupé el segundo puesto. Para entonces ya me perfilaba como un embustero. Ahora, después de más de diez libros de ficción escritos no puedo menos que aceptar que soy un gran mentiroso. En la Wikipedia, dice: «Se denomina ficción a la simulación de la realidad que realizan las obras literarias, cinematográficas, historietistas, de animación u otro tipo, cuando presentan un mundo imaginario al receptor. El término procede del latín fictus (“fingido” o “inventado”), participio del verbo fingiere».  Y Mario Vargas Llosa, que en varios libros suyos analiza lo que es la ficción, dice a su vez: «En efecto, las novelas mienten —no pueden hacer otra cosa— pero ésa es sólo una parte de la historia. La otra es que, mintiendo, expresan una curiosa verdad, que sólo puede expresarse encubierta, disfrazada de lo que no es». ¿Por qué mentimos los escritores?: Porque hay algo en este mundo que no nos gusta o que definitivamente quisiéramos cambiar. Y como no podemos cambiar la realidad… escribimos.