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Dice el escritor y editor Jean Larser: «¿Cuántas veces te has encontrado con una historia cuyo comienzo es largo e incoherente, o bien tiene un final abrupto? Por eso una historia debe estar debidamente equilibrada». Y qué mejor para dar equilibrio a la novela que acoger la milenaria estructura en tres actos recomendada por Aristóteles en su Poética: «Toda novela se compone de un principio, un medio y un final». Dicho lo mismo con palabras más técnicas: el principio, o «Presentación», es donde se muestran los personajes, su vida tal como la han venido viviendo hasta que se presenta el conflicto inicial o desencadenante; el medio es el «Desarrollo» del argumento, donde el protagonista o protagonistas viven toda serie de conflictos antes de llegar al final, llamado también «Desenlace», donde sabremos si lo que estábamos esperando, la expectativa que se nos creó desde el principio de la narración, se satisface o no.  Pensemos en un hombre que conoce a una mujer y se enamora de ella, ese es el principio; pero resulta que ella tiene novio y no está dispuesta a dejarlo por nuestro hombre, por lo que tenemos una situación que desencadena el deseo de este individuo de conquistar a esa mujer superando todos los obstáculos que se le presenten; en el desenlace veremos si el hombre conquista a la mujer o no, esperemos que sí. Ahí tenemos una novela. ¿Alguien la quiere escribir?