Gordon Moore, cofundador de Intel Corporation, en 1964 se dio cuenta de que cada vez se incorporaban más y más transistores en un pequeño componente electrónico llamado microprocesador, lo que lo llevó a expresar su famosa “Ley de Moore”, que dice que “aproximadamente cada 18 meses se duplica el número de transistores en un microprocesador”. Algo que a la postre se ha venido cumpliendo sin falla desde entonces. Pero los hallazgos de los analistas curiosos han ido más allá y se han dado cuenta de que el ritmo de cambio denotado en la Ley de Moore se está dando en otras muchas tecnologías. Por ejemplo, en las impresoras 3D.

Las primeras impresoras 3D se fabricaban de forma casi artesanal, lo que las hacía elementos escasos y por lo tanto costosos. Hoy, las partes más importantes de dichas impresoras las imprimen otras impresoras 3D, con lo que construir uno de estos aparatos es ya casi una tarea escolar. En la actualidad, cualquier persona puede darse el lujo de tener una impresora 3D e imprimir no sólo juguetes como los que se ven en la imagen de este post, sino una gran variedad de cubertería, accesorios y hasta herramientas, por no mencionar partes humanas, ropa y hasta comida. En Xalambo estamos comprometidos con la “revolución de la impresión 3D”.

Imaginemos por un momento un mundo en el que cualquier prótesis humana o animal puede ser impresa con la tecnología 3D, de forma rápida, limpia y muy económica; imaginemos por un momento un mundo en el que por la mañana pones a imprimir el vestido de tu gusto para asistir por la noche a una fiesta; imaginemos un mundo en el que con impresoras 3D se imprimen casas y carros. Ciertamente estaríamos hablando de un mundo casi de fantasía. Pero la verdad es que no hay tal: hoy ya se imprimen casas, carros, vestidos y prótesis con los materiales adecuados, e impresoras 3D de tamaños que van desde uno muy personal hasta otro apenas para soportar la carga y las dimensiones de una casa o un carro.

La China comunista ha tenido un crecimiento vertiginoso en los últimos treinta años, y mucho de lo que ha hecho es llenar el mundo de juguetes de plástico de la calidad que las personas quieran y puedan pagar: desde ordinarios y desechables, pasando por los que soportan el diario vivir bajo las inclementes exigencias de los niños, hasta tan resistentes que nunca se acaban. Pensemos ahora en que con la tecnología de impresión 3D cada país puede volverse autosuficiente en la impresión de los juguetes que quiera, para surtir el número de niños de su país y un poco más, y hasta para venderle a sus países vecinos. ¿Cómo la vería China en una situación como esa? Pues ciertamente se trata de un escenario, no solo posible, sino muy probable en los años por venir.

En Colombia ya hay muchas impresoras 3D, y gente apasionada con el tema, y desarrollos basados en esta tecnología. Cada vez son más los ingeniosos colombianos que se las arreglan para dar solución a un tema diferente: el de la construcción de prótesis para dar funcionalidad a personas que no tienen manos o pies, brazos o piernas, es apenas uno. También está el de la gastronomía, donde curiosas personas imprimen, por ejemplo, gustosas tortas con decorados increíbles; y apasionados ingenieros diseñan y construyen las impresoras 3D del futuro, con partes que imprimen otras impresoras 3D que, curiosamente, terminan siendo menos precisas y perfectas que esas para las que imprimen sus partes.

En Xalambo pensamos que la tecnología de impresión 3D no sólo es ella en sí misma disruptiva, sino que nos permitirá diseñar y construir otras soluciones más disruptivas aún, y hacer del mundo del mañana uno cada vez mejor.