Estudiando literatura y teatro griegos conoció a su esposa, Yoko. Y con ella abrió y regentó un  bar de jazz, Peter Cat (El Gato Pedro), en Tokio, durante siete años, en la década de los setenta. Juntos decidieron no tener hijos porque no tenían confianza en que el mundo mejoraría. Su literatura se centra en el surrealismo, y refleja la soledad y el ansia de amor del ser humano. Es aficionado al deporte, especialmente las maratones y el triatlón. Se llama Haruki Murakami, es japonés, pero no leyó a otros escritores japoneses hasta pasada su adolescencia, porque la cultura japonesa le parecía aburrida. Derivó, para llenar ese vacío, a la cultura occidental, sobre todo al jazz y la literatura de Dostoievski, Tolstoi, Kafka, Raymon Carver, Raymond Chandler. No tiene amigos escritores y, en general, se considera un solitario. No le gustan los grupos, las escuelas, los círculos literarios. Y en relación con las heridas emocionales piensa que se curan con sexo, con lo que, además, la imaginación se refuerza. Sus historias se centran en «perder y buscar y encontrar. Y la decepción y una nueva visión del mundo. La decepción como rito de pasaje».