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Sin lugar a dudas, James Joyce basó toda su escritura en una recreación de la vida, especialmente de su propia vida: para empezar, hay que hablar de Dublin, la ciudad que sirve de modelo para los escenarios, ambientes y personajes de sus obras. Eileen, su primer amor, fue evocada por el escritor en su trabajo Retrato del artista adolescente, allí la refiere por su propio nombre, y luego aparece de nuevo varias veces en otras de sus narraciones, como en Finnegans Wake. De la misma forma, algunas de las amistades que hizo en la universidad aparecen reflejadas en sus obras literarias. Se afirma que James Joyce se inspiró en su amigo, el médico y escritor Oliver St. John Gogarty, para crear a su personaje Buck Mulligan en Ulises. La señora Dedalus, en la misma novela, queda embarazada quince veces, como la madre de Joyce en la vida real. La misma Nora Bernacle, su esposa, se ve a sí misma en personajes femeninos de cada obra suya. Se dice que James Joyce y Nora Bernacle tuvieron su primera cita el 16 de junio de 1904, y tal vez sea ese el motivo por el que dicha fecha sea en la que se ambienta la novela capital del escritor. Durante una de sus borracheras terminó metido en una pelea de la que salió mal librado; se rumoreaba que el hombre con el que se había peleado era de apellido Hunter, judío y que su esposa le era infiel; y estudiosos de la vida y obra del escritor irlandés afirman que ese hombre se convirtió en uno de los modelos utilizados por él para forjar a su personaje Leopoldo Bloom, el protagonista de Ulises. Tenía sus razones Joyce para afirmar que «el arte es recrear la vida a partir de la vida misma».