Marvel Moreno fue una escritora de lo femenino. Abuelas, hijas, nietas discurren a lo largo de sus historias, siendo siempre los personajes que siguen la curva dramática de la ficción. Afectadas por el espacio y el tiempo, vistas y descritas desde diferentes perspectivas, condicionadas por la sociedad o las circunstancias, parecen siempre viajar de más a menos, de la integración a la marginalidad. Pero siempre resaltando en un mundo que ha solapado a las mujeres, subyugándolas desde la concepción misma de un mundo forjado por hombres para los hombres, y donde ellas deben sobrevivir y luchar por sobresalir. En su cuento Oriane, tía Oriane, escribe: «Ya casada, cuando el tiempo no era más un chispear de instantes sino el lento transcurrir de días iguales, observando jugar a su hija en el jardín de una casa donde un marido cualquiera la había confinado, intentaría recordar en qué momento había oído los ruidos por primera vez, si al día siguiente de haber hojeado el álbum o más tarde, cuando Fidelia anunció que un desconocido había entrado a la playa y recogía caracoles mirando descaradamente hacia la casa. Pero no podría precisar el recuerdo». Tal vez era su forma de resaltar, como si nadie la pudiera escuchar, siempre empuñando una pluma, que los hombres no saben amar a las mujeres, ni saben cómo aman las mujeres.