La electricidad gobierna al mundo. No solo se trata del flujo de corriente que fluye a través de las fibras de un cable, sino también de lo que somos los mismos seres humanos. Cargas eléctricas que, en mayor o menos media, se atraen o, en mayor o menor medida, se repelen. Y en tanto se acercan o se distancian hacen más o menos denso y consistente el material al que componen.

Y es que todo material está compuesto de electrones, protones y neutrones. Como ya sabemos desde el bachillerato, los protones y neutrones conforman el núcleo de los átomos, y los electrones giran alrededor de sus órbitas. El número cuatro es mágico en la teoría electrónica. Si en la última órbita de un átomo giran exactamente cuatro electrones, a este material se le denomina semiconductor, como son el Silicio y el Germanio, elementos que habitan, per saecula saeculorum,  en la tabla periódica de los elementos, y que se utilizan hoy en día masivamente en la construcción de piezas que viven en los aparatos electrónicos de todo tipo, como radios, televisores, computadores y teléfonos celulares. Si, en cambio, en la última órbita del átomo hay menos de cuatro electrones (se les denomina “electrones de valencia”) estos pueden ser fácilmente movilizados, haciéndolos saltar de la órbita de un átomo a la de otro, y generando así una corriente eléctrica. De ahí que a este tipo de elementos (los que tienen menos de cuatro electrones en la última órbita) se les denomine buenos conductores de la corriente eléctrica. En contrario, a los que tienen más de cuatro electrones de valencia se les denomina aislantes, ya que es muy difícil hacer que estos electrones salten de la última órbita de un átomo a la de otro.

Así les hablaba yo a mis estudiantes cuando me desempeñaba como  profesor de electrónica. Ellos me ponían toda la atención de que eran capaces. Era emocionante verlos con sus ojos muy abiertos, centrando su mirada, unas veces en mí, que hablaba; otras, en las gráficas que les dibujaba en el tablero para que comprendieran lo que les estaba diciendo. En los laboratorios, que realizábamos siempre después de clase, trataba, en la medida de lo posible, de que pudieran ver todos estos fenómenos en la realidad de sus vidas. De esa forma trataba de que lo que aprendieran lo asimilaran y de que nunca más se les olvidara. También de que, amén del entendimiento de los fenómenos eléctricos que estudiábamos, ellos fueran capaces de manipular la naturaleza para su beneficio y el de la humanidad, sin correr riesgos.

No fue difícil, luego de tantas experiencias con mis alumnos, plasmar en el papel lo que muchas veces estudiamos en las aulas y practicamos en los laboratorios. Mientras escribía pensaba en lo que les había dicho y en lo que ellos me habían preguntado, en lo que yo les respondía y en lo que ellos a veces trataban de rebatir. Fue todo un proceso de recordación, de reorganización de ideas, de remembranzas de momentos inolvidables al lado de mis alumnos.

Electrónica básica recoge una gran cantidad de experiencias técnicas, pero es realmente el resultado de un día a día plagado de experiencias, y cada vez que vuelvo a tomar en mis manos el libro, vuelvo a traer a la memoria todo aquello que viví. Hoy, quienes fueron mis alumnos son profesionales de la electricidad y la electrónica trabajando para empresas del sector o atendiendo sus propios negocios. Alguna vez me he vuelto a encontrar con alguno o dos de ellos. Y recuerdan tan bien como yo los momentos que vivimos mientras aprendíamos tantas cosas.