Durante los últimos meses (es octubre del 2020) todos hemos tenido que afrontar retos a causa de la pandemia. Nos hemos visto obligados a encerrarnos durante largos períodos de tiempo y a cumplir normas rigurosas para protegernos y cuidar a los demás. Algunos, incluso, han perdido sus puestos de trabajo y se han visto obligados a reinventarse. 

Es cierto que las crisis son duras, pero también lo es que son las crisis las que han hecho al mundo evolucionar. Desde la caída del imperio romano, pasando por la peste negra y la gripe española, hasta la gran depresión de 1929 y las guerras mundiales, los seres humanos no han tenido otra opción que volver a levantarse. Algunos lo hicieron primero, o con más empeño, o más unidos, y lograron llegar más lejos de lo que habían conseguido antes de la crisis.

La verdad es que pocas cosas dan tanto miedo como enfrentar cambios. Y las crisis siempre traen consigo revoluciones y desafíos que nos obligan a ver la vida de otra forma, con optimismo, y enfrentando riesgos. Pero nunca la opción de permanecer caídos es la mejor. Hay que comer, conseguir o mantener el techo, vestirnos, dar buen ejemplo a los que vienen detrás de nosotros y nos necesitan. No queda pues otra alternativa que movernos.

Y es que algunas caídas nos dejan más aporreados que otras y nos llevan a permanecer tumbados en el piso más tiempo de lo debido, pero también lo es que mientras más dura es la caía más alto será el salto al levantarnos. ¿Qué otra cosa hay que hacer, sin importar lo que ocurra, que ponernos de pie de nuevo, siempre, mientras estemos vivos?

Te propongo: inicia de nuevo, o estudia algo diferente a lo que ya sabes, algo que te brinde nuevas oportunidades; desafíate a ti mismo y lucha por las metas que te traces. Mi primer empleo no era lo que yo esperaba después de haberme quemado las pestañas durante más de cinco años en la universidad; pero acepté el reto de escribir un libro en lugar de sentarme a llorar porque no había conseguido un cargo ejecutivo, vestido de traje y corbata para sentarme detrás de un pomposo escritorio durante todo el día. Y ese libro se convirtió al final en tres. 

Aquel momento pasó y al transcurrir de los años he visto cumplidos todos los objetivos que tenía en aquel entonces. Ahora sigo otros sueños, disfruto buscando alcanzar otros retos, y los libros que no deseché escribir ahora son guías para muchas personas que buscan aprender un arte que les sirva hoy o mañana. 

 

Toda crisis trae una oportunidad. Aprovecha esta.