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Ha perdurado la discusión, ya bizantina, de si en una obra de ficción es más importante el personaje o la acción. La verdad es que la acción no podría darse sin personajes. Lo cierto es que la acción atrae a cierto público, el que se siente ávido de adrenalina y necesita ver actuar a los personajes, y también es cierto que es a través de sus acciones que sabemos si los personajes son atrevidos o pusilánimes, tímidos o extrovertidos, viscerales o reflexivos. En conclusión, pues, tanto la acción como los personajes son importantes en la escritura de una obra de ficción. Lo que sí es un hecho es que dependiendo de sus características y de la forma como sean presentados por su autor, los personajes terminan siendo icónicos, inolvidables, casi humanos, como sucede con Don Quijote o con Madame Bovary o con Ana Karenina, o simplemente olvidados. Muchos personajes se basan en personas reales, y no hablo solo de biografías, y en estos casos hay que saber diferenciar a la persona del personaje, y entender que al ser el personaje un ente creado por alguien, no la persona misma, todo lo que se diga de él será subjetivo.