De niño ya se reveló como un chico de gran inteligencia y de marcado interés por la literatura.  En el instituto Newman, en Nueva Jersey, uno de sus superiores alertó su interés por la escritura y lo alentó a no desistir en su ánimo literario. Pagó servicio militar y, luego, ascendió a subteniente de infantería y fue asignado al campamento Sheridan, en Alabama. Allí, en una reunión en un club campestre, conoció a Zelda, la “niña bonita”, y se enamoró de ella. Zelda aceptó casarse con él, pero luego rompió el compromiso pues pensaba que Francis no podría mantenerla. Pero llegó el fugaz éxito literario para el escritor y entonces se casaron. La suya fue una historia de amor inolvidable, pero la vida desordenada (viajes, aventuras, celos profesionales de la pareja —ya que Zelda también escribía—, los desgastaron. Al final, los constantes problemas económicos fruto de una vida plagada de intensos momentos, el alcoholismo de Fitzgerald, la esquizofrenia de Zelda, los constantes encierros en hospitales, él por el autodestructivo alcoholismo y ella por la esquizofrenia, los llevaron a ambos a una muerte prematura: él a los 44 años después de sufrir dos ataques al corazón y padecer tuberculosis, ella a los 48, luego de haber pasado una larga temporada en un asilo psiquiátrico.