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¿Recuerdas cuando en bachillerato, durante la feria de la ciencia de octubre, presentaste un trabajo que despertó la curiosidad de todos? El profesor te puso diez en la materia y hasta el rector te llamó el ejemplo de los alumnos de la institución. ¿Recuerdas que allí estaba tu amor platónico? ¿Y que después de ese experimento que todos miraron con ojos asombrados, fue ella la que te buscó a ti, cuando ya tú habías desistido de buscarla a ella? Tal vez te habías rendido muy pronto. Pero como dice el dicho… «Lo que es para uno, es para uno».

Siempre resulta admirable la gente que es capaz de desempeñarse en cualquier oficio, que nada le queda grande, que cuando alguien dice: «Aquí se necesita una persona que sepa de esto», es la primera en dar un paso al frente y dar una alternativa de solución.

En mis épocas de juventud no me perdía ninguno de los capítulos de la serie McGiver. ¿La recuerdas? El importante agente de la Fundación Fénix siempre estaba desarmado, pero siempre doblegaba a su enemigo recurriendo a trucos ingeniosos y a veces magistrales y dignos de recordar, que lograba gracias a su conocimiento científico.

Por otro lado, fue el temor a no tener la preparación suficiente para afrontar las situaciones del día a día lo que me ha empujado a estudiar cada vez más y más cosas: electricidad, electrónica, literatura, finanzas, administración.

Es cierto que tengo títulos en diversas disciplinas, lo que me ha servido para desempeñarme en muchos oficios, sin dejar el que he tenido como principal a lo largo de más de veinte años, y que dichos oficios me han permitido ganarme unos cuándos pesos de más que nunca me han caído mal; y es cierto también que gracias a esos oficios me he sentido seguro para enfrentar diversos retos.

Una vez me lanzaron uno cuando enseñaba cátedra de electrónica para estudiantes de técnica en una institución nocturna. ¿Sería capaz de escribir un folleto que le permitiera a los estudiantes tener una base clara y siempre presente de lo que iban a  seguir durante el curso, y les sirviera para realizar sus prácticas de laboratorio?

Los alumnos apenas contaban con lo que se les copiaba en el tablero, y siempre estaban preguntando qué íbamos a ver en la clase siguiente. Cuando llegaban a clase se sentían inseguros, porque tenían que pasar a la segunda hora al laboratorio, y hacerlo con apenas lo visto en la clase de esa hora anterior, era abrumador.

Lo que hice fue esforzarme un poco más en la preparación de mis investigaciones para clases, y preparar capítulos escritos para entregarles a los estudiantes durante los días que tuvieran clase conmigo.

Al cabo de seis meses había terminado el semestre, y por tanto las clases para mis estudiantes. Y claro, también la preparación de mis capítulos para el «folleto».

Entregué el manojo de hojas al director académico de la institución y le dije que ahí tenía lo que me había pedido, y que así cumplía con el reto que me había lanzado. El famoso folleto se convirtió en un libro que se tituló Amplificadores operacionales y otros dispositivos especiales, y no solo sirvió a aquella cohorte, sino que ha servido a muchas otras después de aquel año. Y bueno, yo soy escritor, y el conocimiento en electricidad me ha servido para escribir un libro más para dejar a quienes me sobrevivan un día.

¿Qué tal si cada día te tomas un tiempo para trabajar en un tema que te guste? Lee, practica, vuélvete experto. Como dijo Steve Jobs en su famoso discurso en la universidad de Stanford: Aprende todo lo que puedas, sin importar si lo necesitas o no; solo el tiempo dirá: un día mirarás en retrospectiva y entenderás para que te ha servido eso que has aprendido.