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En su afán de expresarse, el hombre ha recurrido a formas cortas, medianas y largas. O lo que es lo mismo: a cuentos, cuentos largos o novelas cortas, y a novelas propiamente dichas. Quienes han querido establecer los límites de cada género, se han atrevido a decir que un cuento varía entre muy pocas palabras (para el ejemplo El dinosaurio de Augusto Monterroso, considerado el relato más corto del español: «Cuándo despertó, el dinosaurio todavía estaba allí»), y unas quince mil palabras, algo así como el capítulo de un libro; el cuento largo o novela corta va de las quince mil palabras a las más o menos cincuenta mil (por ejemplo La Metamorfosis de Franz Kafka), en tanto que la novela supera las cincuenta mil palabras (El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra o Cien años de soledad de Gabriel García Márquez).

Un cuento es como una carrera de cien metros; en esas no más de sesenta páginas, escritas en computador, en hojas de tamaño carta, a doble espacio, el escritor se centra en un único aspecto o acontecimiento en la vida de un personaje. Exige menos dedicación que una novela, por eso de la extensión, aunque puede ser tan complejo como una novela, y podría decirse que es una buena aproximación a la literatura de ficción para cualquier escritor principiante. Aunque hay que aclarar que tiene una forma o características que resultan bastante exigentes: a un cuento le sobra la digresión, y se precia de su gran precisión y economía de palabras.

El corazón delator, de Edgar Allan Poe, por ejemplo, narra el terror que se experimenta en una casa en la que habita un viejo con una mirada de buitre, se asiste a un asesinato, y se siente como (¿dentro del lector?, ¿dentro del cuento?) late cada vez más fuerte el corazón. En tanto que La dama del perrito, del considerado mejor cuentista de todos los tiempos, Anton Chejov, se narra la infidelidad entre un hombre y una mujer, ambos casados, ambos cansados de la vida y ambos descreídos del amor.

Un cuento largo o una novela corta es una obra de ficción que da brinquitos entre el cuento y la novela, y tanto en su extensión como en su forma, mezcla características de los dos géneros. Puede ir de las sesenta a las trescientas veinte páginas, y combina la versatilidad que permite la extensión de las novelas con la economía de palabras y la especificidad temática de los cuentos.

El coronel no tiene quien le escriba, de Gabriel García Márquez,  por ejemplo, gira alrededor de un viejo (coronel retirado) que en compañía de su mujer enferma y un gallo de su hijo, espera inútilmente la carta de confirmación de su pensión. Y el ya mencionado La Metamorfosis de Franz Kafka, narra las vicisitudes (físicas y emocionales) de un hombre que despierta un día convertido en un insecto.

Finalmente está la novela, algo así como una maratón, que puede ir más allá de las trescientas veinte páginas, y que últimamente, con las series o sagas, ha llegado incluso a desplegar la historia en diferentes tomos, manteniendo el interés del lector en cada uno pero dejándolo expectante, a la espera del siguiente. Por esa misma característica de la extensión, las novelas tienden a dividirse en capítulos, con el fin de ofrecer al lector los necesarios descansos. Una novela exige mucha dedicación, concentración, esfuerzo, ya que todo en ella se multiplica respecto a los cuentos y a las nouvelles: normalmente tienen más personajes, más escenas, más nudos narrativos y, en general, más complejidad. Aunque tienen una historia central, se rodean de gran actividad y cambio universal.

Guerra y paz, de León Tolstoi, por ejemplo, tiene gran cantidad de personajes que se mueven en abundantes escenarios. Cien años de soledad cuenta la historia de tres generaciones de una misma familia, que simulan, a su vez, el ciclo de la vida, desde su génesis hasta su desaparición. La paga de los soldados, de William Faulkner, gira alrededor de un aviador de la Segunda Guerra Mundial que, a su regreso a casa, en compañía de un amigo y una viuda, enfermo y con una grave y fea cicatriz en la cara, debe reanudar su vida y su compromiso matrimonial.

La anterior, no obstante, es una generalización que quizás no hace siempre justicia, y que quizás muchos no compartirán; habrá quienes argumentarán más diferencias, o tal vez las suprimirán todas, excepto la más evidente de la extensión. En fin, la finalidad de este post no es otra que la de dar algo de luz a los aprendices de escritor, y espero que para eso sirva.