A finales del siglo pasado se decía con frecuencia que la humanidad había avanzado más en los últimos cincuenta años (1950 – 2000) que en toda su historia anterior. Y siguiendo la misma línea, hoy habría que decir, sin riesgo de equivocarnos, que ha avanzado más en los últimos veinte años que en los cincuenta finales del siglo anterior. Al menos en lo que tiene que ver con innovación y emprendimiento, vertiginosidad y rapidez de la evolución.

Seguramente nadie imaginó, al terminar la Segunda Guerra Mundial, que pasarían los años y el hombre no solo recuperaría su rumbo, sino que alzaría un vuelo que hoy parece sin fin; que habría tantos millonarios a lo largo del planeta como nuevas ideas en los que buscan la riqueza; que diariamente millones de dólares cambiarían de manos; que la gente podría trabajar desde sus casas, e, incluso, que muchos podrían ganar dinero mientras dormían.

Y sí: hoy se puede hasta ganar dinero mientras se duerme. ¿Y eso cómo se logra?, te preguntarás. Fácil: primero trabajando, y después usufructuando.

Nadie, por inoficioso que haya sido en su vida, podrá decir a sus veinte años que no sabe hacer nada. Barrer, trapear, sacudir, remendar, maquilarse, vestirse, hablar, bromear, pintar, leer, escribir, tratar bien a los demás, viajar, dormir, saltar, correr, nadar, gritar, cantar, bailar, cocinar, comer, lavar, imaginar, en fin. Y no hemos hablado de nada relativamente complejo como trazar vestidos, cortarlos y coserlos, diseñar circuitos eléctricos, construir edificios, manejar carros de carreras, enseñar, inventar, escribir poesía, canalizar ríos, derrumbar montañas, alzar puentes, moldear esculturas, crear empresas, innovar, inspirar. No, nada de eso. Pero tanto la primera lista como la segunda nos hablan de actividades que, bien hechas, dominadas a la perfección, han de darle al que las posee una cancha que muchos desearían tener.

Actualmente hay tecnologías basadas en internet que permiten llegar a la totalidad de las personas del mundo. Hablar hoy de la Aldea Global ya no es un sofisma de distracción. Ahora la realidad es que podemos interactuar en línea con cualquier persona sin importar dónde se encuentre; mostrarnos en pantallas como estrellas de cine y hacernos seguir por gente que quizás nunca lleguemos a conocer; tener ideas y ofrecerlas como manjares a gente que está ansiosa de ponerlas en marcha; lanzar una idea y conseguir que millones de personas, muchas de las cuales ni siquiera hablarán nativamente nuestro mismo idioma, las apoyarán. Facebook nos permite conseguir amigos en lugares que quizás ni siquiera sepamos que existen, a través de Instagram podemos mostrar nuestras fotos a gente que nos alabará o criticará, pero en cualquier caso primero nos seguirá; Youtube nos permite ser cantantes, profesores, músicos, pintores, diseñadores, y entregar a los demás nuestro arte; el Crowdfunding nos permite conseguir socios de negocio que aportarán dinero desde cualquier lugar, en cualquier moneda, para apoyar nuestra idea de negocio. La lista de oportunidades es impresionante, y es lo que posibilita El poder democratizador de internet.

Supongo que ya vas urdiendo la idea: sí, eso es: tú sabes algo, tienes algo, quieres algo, y hay gente que quiere saber lo que tú sabes, tener lo que tú ofreces, participar contigo en la idea de negocio que tienes para cambiar el mundo, bueno, al menos tu mundo y el de esa otra u otras personas. Exacto. Basta utilizar las herramientas basadas en la red global, en internet, y las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, y ponerse en contacto. A partir de entonces, las posibilidades son inimaginables. ¿Y cómo ganar dinero mientras duermes? Ok. Sigamos en esta experiencia y descubrámoslo juntos.

Créditos: [Imagen de Mystic Art Design en Pixabay ]