En el segundo semestre, los estudiantes (los jóvenes y no tan jóvenes, a los que se habían unido dos chicas, una morena, alta y delgada, y una pelinegra, bajita y muy agraciada, que se matricularon cuando mediaba el semestre anterior) habían aprendido los fundamentos para defenderse de la electricidad: sabían cuál era la «viva» y cuál la neutra, y le habían perdido el miedo (no el respeto) al flujo de electrones a lo largo de un cable o un alambre que se pegaban a una fuente de energía. Ese semestre aprendimos (bueno, les enseñé), cómo construir justamente una fuente de energía de corriente continua, variable el voltaje entre los 5 y los 20 voltios. Y de trabajo final, cada estudiante construyó un secuenciador de luces, de esos que se compran para adornar el árbol de Navidad, y espero que les haya servido para alumbrar el hogar durante el mes de diciembre de ese año. Animado por los resultados, escribí ELECTRÓNICA BÁSICA, y hoy he querido recuperar también este texto que escribí para la gente y que, por eso de los fenómenos eléctricos, sigue vigente.